RÃo perdido
RÃo perdido —Ben…, papá viene con el coche —dijo—. Es preciso que me encuentre en compañÃa de mamá cuando entre. ¡Adiós! Manda a Nevada por cartas… ¡Adiós; Ina! Tú y Marvie haréis bien en regresar a campo traviesa.
Ben habÃase levantado mientras Hettie hablaba, y al alejarse su hermana, vio junta a sà a un muchacho.
—¡Hola, Marvie! Ten cuidado que mi padre no vea aquà a Ina —le dijo en voz alta—. Y vente al RÃo Perdido para pescar conmigo.
—¡Ya lo creo que iré! —exclamó Marvie.
Por encima del ruido de los cascos de los caballos percibió la voz de su padre y se quedó frÃo. Ina estaba allÃ, serena, aunque pálida, como si todos los padres crueles del Universo nada le importasen. Ben, al inclinarse hacia ella, comprendió que la mirada de aquellos ojos oscuros le obsesionarÃa siempre.
—¡Jamás conocerás cuánto te agradezco lo que has hecho por mÃ! —murmuró con fervor—. Yo cumpliré como bueno…, seré… ¡Adiós, Ina!
—Adiós, no, Ben. ¡Hasta la vista! —repuso Ina con suave acento.
El joven estrechó rápidamente su mano y se marchó corriendo hasta llegar a la cerca que rodeaba el campo. Al detenerse allÃ, oyó que los caballos se acercaban ya a su casa.