RÃo perdido
RÃo perdido —¿Qué ha querido decir? ¿Qué palabras iba a pronunciar cuando puso sus manos encima de mis hombros? —Soliloquió en voz alta, preguntándose de nuevo lo que ya tantas veces se habÃa preguntado durante el camino. Creo que no fue más que la expresión de su bondad, de su gran corazón. Ina no podrÃa olvidar a un viejo compañero suyo, nunca escucharÃa los chismes ni le importarÃa lo que la gente pensase… Pero esa mirada…, esos ojos adorables…, el temblor de su voz…, ¿era sólo amistad? No, no, era mucho más. Aún no lo sabe, pero aquel antiguo cariño fraternal de ella está trocándose en amor. Estaba esperando que la tomase en brazos. ¡Dios mÃo! Si hubiese reparado en eso en aquel momento, ni mi honor, ni el buen nombre de ella, me habrÃan detenido. Pero no lo vi… ¡Ina, mi dulce Ina, novia de mi infancia…, ahora eres una mujer espléndida, hermosa! Y pensaba elevarme hacia ella, ¡qué buena es!… Mas no debo dejar que eso progrese. SerÃa su desgracia, su ruina… Sin embargo, pudiera ser… No, no; necesito muchos años para que mi nombre vuelva a ser pronunciado con honra por todos…, años en los que ella tendrá que esperar, sufriendo el desdén de su gente, las burlas de los amigos. Y yo… consumiéndome de anhelo, de celos. ¡No, no puede ser! ¡Ina Blaine no es para mÃ! ¡No la veré más! Asà es como mejor puedo mostrarme digno de la fe que tiene en mÃ.