RÃo perdido
RÃo perdido —¡Ah! Y tú te has vuelto a enamorar de ella, sólo que millones de veces peor que antes, ¿eh?
—Eso debe de ser —murmuró Ben, suspirando.
La confesión de su amigo tuvo sobre Nevada un efecto desconcertante para Ben, quien, al fin y al cabo, no conocÃa muy bien al vaquero. ParecÃa que Nevada aceptaba una responsabilidad que traÃa consigo consecuencias graves que sólo él preveÃa.
—Levántate, niño grande —dijo con calma y una luz en sus ojos que no iba dirigida a Ben—. Tienes delante una gran lucha. Déjate, pues, de sensiblerÃas. Bien está que ames a tu chica con todo tu corazón, pero ha de ser para volverte más hombre. Y fÃjate, la corazonada que tengo es cada vez más fuerte. Vamos a jugar exponiendo todo lo que tenemos, amigo…, el amor y la misma vida. Yo conozco a ese Setter. Su juego es profundo, y calumniarte es parte de él. Creo que también comprendo por qué Setter no es hombre para tolerar obstáculos en su camino.
—Ahora que recuerdo, Nevada, aún tengo algo contra él que es mucho peor —afirmó el joven.
Nevada se inclinó hacia él con tanta rapidez que Ben quedó asombrado.
—¡Ah! ¿Qué es?
—Casi me da miedo decÃrtelo.
—Ahora ya no puedes ocultármelo, Ben.