Río perdido
Río perdido Ben hizo lo que Nevada le indicó, contento y satisfecho de que la suerte estuviese echada. Su indecisión y su amor a los caballos habían sido siempre la causa de que el joven no llegara a hacer negocios provechosos. Ahora sus vacilaciones habían terminado. No se atrevía Ben a pensar francamente en la lacónica afirmación de su amigo de que aquella venta era el primer acto que realizaba en favor de Ina Blame, aunque en el fondo sabía que era eso lo que le animaba ahora.
El joven ayudó a Nevada a conducir un hatajo de fogosos caballos por la árida y gris llanura, entre las dos laderas de la artemisa, hacia las llanuras llamadas Mute Deer. En épocas fértiles aquella llanura era muy hermosa; mas ahora, tras seis años de sequía, estaba convertida en áridos campos, con una brisa de agua, sucia y amarillenta, en el centro, y algunas manchas de hierba en las suaves pendientes. Aquí y allí veíanse pequeños grupos de ganado flaco y pobre. Tampoco faltaba algún que otro esqueleto de vaca calcinado en aquel escenario de ruina de los rancheros.