RÃo perdido
RÃo perdido Al mismo tiempo señalaba una mancha verde más abajo del rÃo, donde habÃa un grupo de sauces. Allà habÃa descubierto Ben, cuando el nivel del rÃo estaba ya más abajo de lo que se conociera en aquella región, un manantial de agua frÃa y de notable volumen, considerando los seis años que duraba la sequÃa. Ni siquiera un indio hubiera sospechado su existencia, porque, hasta poco antes de descubrirlo Ben, el manantial estaba cubierto por las aguas del rÃo. Era propiedad indiscutible de Ben Ide, para el cual no tenÃa precio. Aunque se secasen por completo el rÃo y el lago, todavÃa seguirÃa habiendo agua allÃ. Tanto Ben como Nevada suponÃan que el manantial era el nacimiento de una corriente subterránea, procedente de la lejana tierra del Sur, porque conocÃan el terreno de la región palmo a palmo y sabÃan que no habÃa agua en ninguna parte.
—Amigo, por esa agua podemos atrevernos a arriesgarnos —aseguró Ben—. Ese pequeño manantial es para nosotros una mina de oro.
—¡Ajá! Pues, manas a la obra. Voy a hacer la selección. Tú vete a abrir la puerta del cercado.