RÃo perdido
RÃo perdido —¡Hombre de Dios! ¡Si queremos! —exclamó el ranchero—. Mire, Ide henos venido aquà con el capital justo y, si hubiese llovido, la suerte nos habrÃa hecho buen papel. Pero esta terrible sequÃa nos ha arruinado. Yo le digo que estas tres parcelas son el peor negocio que hay en toda California del Norte. El sitio de Moore es tan malo como éste, y en cuanto al de Nagel, parece, que una ola de fuego lo haya arrasado.
—¿Querrán vender?
—De mil amores —repuso Sims rápidamente.
—Muy bien. ¿Cuánto quieren ustedes?
—Pero, Ide; ¿habla usted en serio?
—SÃ; Nevada y yo vamos a arriesgarnos —contestó Ben con franqueza.
—Ojalá lo pudiera hacer yo, peso estoy arruinado y no tengo crédito. Nuestro error fue comprar estas parcelas sin tener en cuenta las épocas de sequÃa. SabÃamos que el lago Mule Deer era superficial tan sólo, mas una buena balsa nos hubiese podido salvar. Y, precisamente, en el terreno de Moore hay una cariada en la que un buen dique de cemento hubiese hecho maravillas. Sin embargo, cuesta dinero construirlo.
—Pues nosotros vamos a construirlo —observó Nevada.
—DÃgame su último precio.
—¿Les parece que… ochocientos dólares es mucho? —contestó Sims vacilando.