RÃo perdido
RÃo perdido —¿Qué diablos te ha contado Sims? —preguntó de un modo casual, pero mirándole fijamente.
—No te lo puedo decir, Nevada, pero… es muy importante —contestó Ben, respirando con fuerza.
—¡Ajá! Bueno, compadre; Modoc y yo podrÃamos decirte algo del porqué esos buenos hombres estaban tan contentos de vender y sacudirse el polvo de esta región.
—El viento que sopla ahora aquà es malo para todos —observó Ben.
—Eso mismo. Pero donde ellos han perdido, nosotros ganamos. Nos han regalado, como quien dice, cuatrocientos ochenta acres del mejor terreno de este paÃs. Pero, amigo y ranchero pipiolo, vamos a dejarlo asà como está por algún tiempo, sin ocuparnos de él. ¿Estamos?
—Eres un demonio de hombre —exclamó Ben mirando a Nevada con admiración, sin saber lo que su amigo sabÃa.
—Pues si tú lo dices, debe ser verdad —repuso Nevada, complacido.
—El mejor compañero del mundo —aseveró el joven, mas, al punto, añadió maliciosamente—: Es decir, el mejor compañero masculino.
—¡Mira tú por dónde se sale ahora el niño! —exclamó Nevada con gran disgusto—. Ninguna mujer, ni siquiera Hettie, me hubiera impulsado a decir eso.