RÃo perdido
RÃo perdido —Claro, hombre —repuso Ben, sorprendido, más por la actitud de Sims que por lo que le acababa de decir.
—¿Se va usted a meter de lleno en el negocio del ganado vacuno?
—SÃ, más tarde.
—Quiero proceder con honradez con usted. La mujer de Moore es hermana mÃa; estaba muriéndose aquÃ. Creo que usted la ha salvado. Y si ahora le doy una buena in formación, ¿me dará su palabra de que no lo dirá nunca a nadie?
Ben, por respuesta, alargó la mano, que Sims estrechó. Estaba pálido y le relucÃan los ojos.
—Me vi precisado a encubrir a esa banda de abigeos que se esconde en las montañas detrás de Silver Meadow. No me quedaba sino hacerlo asà o morir. Bueno, pues, esa banda está mandada en secreto por un importante tratante de ganados, una persona de la que nunca sospecharÃa usted. Yo no he simpatizado. Y les he espiado. El consejo que le doy es éste: no se fié nunca de ninguno de esos grandes tratantes de ganado o rancheros. No ponga ganado alguno aquà hasta que los ladrones hayan desaparecido. Y mantengan los ojos bien abiertos; quizá por ese medio logre algo:
Dicho lo cual, Sims espoleó su caballo y se marchó, dejando a Ben, estupefacto, sin saber qué decir. Nevada se le acercó a poco.