Río perdido
Río perdido Cuando salió el sol, inundando con sus cálidos rayos el bosque, Ben se dijo que nunca había visto un lugar tan hermoso, tan seco y tan agreste. No se oía el más leve sonido de criatura viviente. Los árboles, muy separados entre sí, eran todos amarillentos, aunque de aspecto majestuoso, en su decadencia. El suelo, de origen volcánico, estaba cubierto de hierba seca, blanquecina; no era sino piedra pómez, granulada y gris, tan fina y quebradiza que los cascos de los caballos levantaban nubes de blanco polvo. Avanzaban los tres cazadores muy lenta mente, y sólo bajo los pinos, donde las agujas caídas cubrían el terreno pedregoso, el cabalgar era más cómodo. Las agujas muertas caían sin cesar de los árboles resecos, formando una especie de suave lluvia.