RÃo perdido
RÃo perdido Cuanto más avanzaban, ascendiendo, más se manifestaban las caracterÃsticas de aquella región, que formaba un enorme campo de lava. La altura de los pinos, aunque más aislados entre sÃ, era cada vez mayor, y las laderas de piedra pómez, cada vez más pinas, Hacia el mediodÃa, Modoc, que iba delante, empezó a descender un poco hasta llegar a la poblada ladera de un gran cañón, al otro lado del cual erguÃase un enorme risco de pinos y de piedra roja. En aquel lugar empezaban a revelarse pruebas más evidentes, más crudas, de las fuerzas volcánicas que reinaron allà en anteriores milenios. Bajo los pinos notábanse de cuando en cuando indicios de lava negra y cobriza. Estas manchas iban en aumento de número y tamaño y a poco se veÃa claramente que una delgada capa de piedra pómez cubrÃa un tremendo estrato de lava.
Por fin alcanzaron un sitio del bosque desde el cual, a causa de la pendiente, se podÃa ver abajo el vasto campo de lechos de lava de color azul, negro, rojo, como hierro mohoso, lleno de hendiduras, grietas y cavas formando una superficie desigual, abrupta y peligrosa, por la cual era casi imposible avanzar.