Río perdido

Río perdido

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Modoc llevó a los cazadores en seguida a la parte don de abundaban las cavernas de hielo, que eran grandes aberturas en la lava, que aparecían en todas partes como ventanas de misteriosas profundidades, siendo cada una de ellas enormes burbujas reventadas al enfriarse la lava candente. Era una región peligrosa, donde se hacía difícil avanzar montado a caballo. Algunos de los agujeros tenían quince metros de profundidad y el dable de anchura; crecían en ellos arbustos y en el fondo estaba la entrada a la cueva. En cada una de éstas se suponía la existencia de nieve, de la cual fluía agua cristalina y fría.

Pero Modoc dudaba de esto último. Se apeó junto a muchos agujeros y descendió laboriosamente a su fondo para buscar el agua, y por fin halló una cueva en la que la había. Sin embargo, ésta no era accesible a los caballos, pues era preciso, subirla con soga y pozal. Eligieron los cazadores aquel lugar por campamento. Mientras lo arreglaban, ausentóse Modoc tratando de ver las huellas de los caballos salvajes. En la larga ladera que el terreno formaba allí, crecía la blanquecina hierba en suficiente abundancia para servir de pasto a los caballos. Ben no pudo menos de creer que la estrella de su suerte estaba ascendiendo, y cuando Modoc regresó llegó al pleno convencimiento. Venía sonriendo.


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