RÃo perdido
RÃo perdido Sombras negras iban formándose en la oscuridad. Ben sintió una gran emoción. ¿Quién no quisiera ser cazador de caballos salvajes? Él preferÃa su actual estado al de los reyes. Mas al mismo tiempo tuvo un repentino pesar. No habÃa esperanza de que el Rojo de sus, obsesiones fuese el guÃa de aquella manada. El hermoso garañón no se dejarÃa coger de cualquier modo en una cueva.
Nevada puso su pesada mano sobre el brazo de Ben.
—Mira, allá…, sÃ, allá —murmuró.