RÃo perdido
RÃo perdido —¡Cállate, bribón! —dijo Ben inclinándose sobre él—, que vienen los caballos.
Nevada, al oÃrlo, se levanté sin hacer ruido, escuchando al mismo tiempo.
—A eso llamo yo hablar bien, amigo —murmuró—. Ya los, oigo. Vienen directamente hacia acá.
—Buena dirección del viento. No estar asustados. Tener suerte nosotros. Coger muchos —dijo Modoc en voz baja.
Ben no habÃa podido aún averiguar exactamente la dirección en que venÃan los caballos pero mantuvo los ojos clavados en la loma gris donde estaba la pista. El sonido de los cascos era primero muy débil, poco a poco se hizo más fuerte, para cesar de pronta y volver luego otra vez. Gradualmente iba el ruido en aumento, hasta adquirir: un ritmo invariable.
Ya muy cerca del lugar donde se hallaban los tres cazadores parecÃa alejarse y cesar. Ben sabÃa que era debido a haberse detenido el guÃa de ellos, haciendo los demás, uno tras otro, lo mismo.
—¡Uf! ¡Ahà están! —murmuró Modos.