RÃo perdido
RÃo perdido —SÃ, lo creo —afirmó el muchacho—. Y ahora escúchame, hermana. Yo sabÃa lo del veraneo antes de que papá nos lo dijera. Le oà hablar con Setter cerca del granero. Hablaban de apropiarse el terreno y el manantial de Ben Ide. Papá insistÃa en comprárselo, pero Setter juraba que lo echarÃa de la región sin necesidad de gastar dinero. Y después oà decir a uno de los vaqueros que Setter tenÃa a papá entre la espada y la pared.
—¡Canastos! —exclamó Ina, logrando dominarse sólo con gran dificultad—. Marvie, no me gusta eso.
—Ni a mà tampoco. Y, además, odio a Setter por el modo con que te mira. Dios sabe que ya es pecado tener que aguantar a ese tonto de Macadam, pero Setter es muchÃsimo peor… ¡Ojalá tuviese yo más años y fuese más fuerte!
—No te apures, Marvie —dijo Ina suavemente—. Yo odio a Setter también. Temo que no sea lo que papá cree. Y entre los dos van a hacer daño a Ben Ide… Marvie, Ben era…, es un gran amigo. No creo lo que me dicen de él.
—¡Qué va a ser! Yo voy en su favor, Ina.
—Asà me gusta, Marvie, y ten por seguro que no te arrepentirás. Tú y yo hemos de estar alerta. No es una mala acción lo que hacemos, puesto que sabemos que cometen una injusticia con Ben. Seamos valientes, Marvie.