RÃo perdido
RÃo perdido —¡Ah! —exclamó BenjamÃn mirando fijamente a su amigo. Aquélla era la primera vez que le hablaba del pasado. Años antes, una noche en que BenjamÃn se hallaba acampado en la montaña, Nevada se habÃa acercado montado a caballo. TenÃa una importante herida en el brazo y venÃa cansado y casi muerto de hambre; además, su caballo estaba cojo. BenjamÃn le habÃa dicho entonces «Apeaos, forastero, y tomad parte en esta frugal cena. ¿De dónde venÃs?». El desconocido habÃa contestado «Nevada». BenjamÃn prestó ayuda al jinete, y aunque ya no se separaron, jamás le habÃa dirigido preguntas. Nevada se encariñó con BenjamÃn, pero nunca hablaba de su pasado.
—Aún hay más —continuó Nevada con calma—. Less Setter me conoce. Y suerte que no se le haya ocurrido hablar de mà en el pueblo, porque de lo contrario, tu familia y tus amigos dirÃan que no, soy digno de ser camarada tuyo.
—Vaya, vaya —exclamó BenjamÃn con amargura—. Mira, Nevada, no me hables con enigmas. Cuéntamelo todo o no me cuentes nada, como quieras. Yo te aprecio por lo que eres y no por lo que puedas haber sido en otras épocas.
—Ben, hablas como un hombre —repuso Nevada, dulcificándose su mirada aguda—. Creo que en realidad nadie en la vida me ha apreciado hasta ahora, si es que tú me aprecias…