RÃo perdido
RÃo perdido —De corazón, compadre —declaró enfáticamente BenjamÃn.
—Muy bien —repuso Nevada con una maravillosa luz en los ojos—. Henos, pues, unidos para lo bueno y para lo malo… A veces tengo extrañas impresiones, Ahora mismo estoy seguro de que nuestra mala suerte se ha acabado. Esta inspiración me vino cuando Hettie me entregó la carta para ti. Es una sensación muy extraña que viene no se sabe de dónde.
En aquel instante entró el indio, silencioso como siempre, y recogiendo los cubos para el agua, volvió a salir. BenjamÃn puso más leña en el hogar de piedra y empezó a preparar en seguida el desayuno.
—Espero que esta racha de mala suerte ha terminado —dijo seriamente—. Por de pronto, ha sido una suerte haberte enviado a ti para la venta de los caballos. Yo no sirvo para eso; tú, en cambio, Nevada, sabes lo que quieres y no cejas hasta alcanzar lo que te propones.
—Oye, Ben, ¿has notado algo particular en m� —preguntó Nevada sonriente.
—¡Qué se yo! —repuso su camarada alzando la vista—. Veo que te has afeitado y que tienes un pañuelo flamante.