RÃo perdido
RÃo perdido Poco después, por la tarde del dÃa en que Setter habÃase ido nuevamente a RÃo Perdido, Ina se vio sorprendida por el ruido, de cascos de caballo cerca de su tienda y luego por un grito estentóreo de Marvie. La joven salió corriendo.
Marvie se apeaba de una jaca sudorosa; el rostro del muchacho, radiante, rojo, emocionó a Ina, y antes de que pudiera preguntarle, Marvie exclamó:
—¡Oh…, no puedo hablar!… Vengo aprisa para llegar antes… Papá gritaba como un loco… cuando pasé… Me he escapado… Me matará… Estaba en casa de… de Ide… cuando llegó allà Setter… Ina, lo que ha pasado… te gustará…, pero no me hagas hablar ahora… Has de estar en el rancho cuando llegue Setter… Súbete a mi jaca y ¡hala!…, ¡hala!
Ina no iba vestida para montar a caballo, mas no le importó. Cuando montó en la jaca, Marvie le dijo aún:
—Espero que papá, con el jaleo, se olvidará de mÃ. Si no… tú…
Ina, al alejarse, no oyó el fin de la frase, pero supuso lo que Marvie habÃa querido decir. Estaba la joven muy emocionada y sentÃa curiosidad. ¿Qué le habÃa pasado a Setter? ¿Y a Ben? Encontró a su padre y algunos hombres en el rancho, muy interesados en el regreso de Setter, quien llegaba con tres vaqueros.