RÃo perdido
RÃo perdido —Bien, señor Blaine, habÃa que ver cómo saltó Setter. Estaba loco, y cuando Ben volvió a rehusar, breve y frÃa mente, Setter exclamó: «Usted venderá o le echarán de aquû. Ben quiso saber entonces quién harÃa esa faenita. Setter juró que él mismo. Ben contestó que aquél era un paÃs libre y, constando como constaba que aquel rancho era suyo y que habÃa comprado legalmente los otros tres, no veÃa cómo se le podrÃa echar de allÃ. Entonces dijo Setter: «Bien sabe usted que eso de la caza de caballos es sólo un pretexto».
Sneed volvió a detenerse, mirando a Blaine con sus ojos de azul acerado, y, como si quisiera aumentar la expectación, pasó una pierna sobre el pomo de la silla. Ina se emocionó al ver la fuerza que tenÃa el vaquero retardando el desenlace del relato.
—Venga, dÃgalo de una vez —gruñó Blaine apretando el puño. Sin duda ya lo sabÃa sin necesidad de que se lo explicaran con todo detalle.
—Ben se puso un poco blanco —continuó Sneed— y se acercó a Setter, preguntando secamente: «¿Qué pretexto es ése?»… A lo que Setter contestó: «Ide, más le vale aceptar la oferta de Blaine». Ben exclamó entonces con furia: «¡No y no! Quiero saber eso del pretexto»… Setter enrojeció, contestando a gritos: «¡Conocemos ya lo de los robos de ganado!».