RÃo perdido
RÃo perdido —Muy bien, Bill, comprendo tu manera de pensar. Ahora espero oÃr qué es lo que ha pasado.
—Setter nos ofreció cien dólares a cada uno si le dejábamos en la creencia de que Ben y sus amigos le habÃan atacado los tres. Pero no sucedió asÃ. Fue Ben solo quien lo hizo. Le zurró a Setter, y el espectáculo era muy di vertido.
Bueno, ¿qué motivo habÃa?
Sneed se sentó de nuevo en la silla de montar, menos beligerante, al saber que le iban a escuchar.
—Llegamos a RÃo Perdido a eso del mediodÃa —empezó—. Ben estaba en casa con el indio y nos invitó a comer con la mayor amabilidad. Nos dijo que su socio estaba en los campos de lava, donde habÃan cogido una gran manada de caballos salvajes. Él y Modoc habÃan llevado algunos al rancho todos los dÃas. Después de comer fuimos a ver los caballos. ¡Vaya un lote! Ben debe de ser una maravilla con esos animales. Setter se quedó viendo visiones, se excitó y, poco después, dijo: «Mi socio Blaine desea comprar su terreno, lo mismo que los de Sims y sus vecinos, y puede usted venderle al mismo tiempo esos caballos. Ben puso una cara extraña, pero contestó con mucha calma que no pensaba vender nada y que, en cuanto a Sims y sus vecinos…, tampoco podÃan vender, porque él, Ben, ya habÃa comprado sus ranchos hacÃa tiempo».
Sneed se detuvo, echándose a reÃr con fuerza.