RÃo perdido
RÃo perdido —Parece, en efecto, que estés dispuesto a pegarme, pero, compadre, no tienes talla para medirte conmigo.
—Por amor de Dios, no me atormentes ahora. Quiero saber dónde has estado. ¿Fuiste a buscar a Setter?
—De nada me hubiese valido. Según me han dicho, Setter está en Klamath en casa del dentista.
—Contéstame, ¿ibas a buscar a Setter? Si es asÃ, me va a doler mucho tu acción, puesto que nada me dijiste.
—Bueno, amigo, si he de ser sincero, no he pensado ni una vez siquiera hoy en ese capitán de ladrones de ganado.
—Nevada, ¿verdad que no me mentirÃas?
—No, a no ser que se tratase de hacerte un bien.
—Has llamado a Setter capitán de ladrones de ganado. ¿Se trata de algo más que de chismografÃa de vaqueros?
—Ya lo creo, y este vaquero que tienes delante, está hablando como el Evangelio. Algún dÃa, Ben, al final del verano, si es que entonces aún vives me oirás decÃrselo al mismo Setter en su misma cara de embustero.
—Pero tú has ido al rancho de los Blaine, ¿eh?, —si guió preguntando Ben, en la esperanza de sonsacar a Nevada, cuya actitud le tenÃa exasperado.