RÃo perdido
RÃo perdido —Allá abajo, sentada en una roca. No querÃa subir a la cabaña por si alguien la viese. Ha sido muy fácil venir aquÃ. Todos los vaqueros están ausentes, Setter y mi padre también. TenÃa mi jaca y el caballa de Ina preparados, y tan pronto se durmió mi madre, nos escapamos. Hemos hecho el camino en una hora… Bien, ahà tiene a Ina. Yo traeré los caballos aquà para esperar y… Ben, no hay prisa, ¿sabe?
Ben vio primero los caballos, luego la esbelta figura de la muchacha que se destacaba sobre el fondo claro. LatÃale el corazón con violencia y sólo atinó a acercarse con paso lento. Ina estaba sentada sobre una roca lisa, bastante alta, y al percibir el ruido de sus pisadas, se volvió. A poco, Ben la contempló, asiendo las manos que ella le alargaba; y le pareció aquél el momento más dulce y emocionante de su vida.
—Buenas noches, Ben… Marvie te ha encontrado pronto. Me complace verte.
—Has hecho mal en venir —repuso Ben suspirando.
—Oh, ha sido muy fácil. Marvie es un excelente muchacho. Tú puedes luego acompañarnos hasta casa. Papá no lo sabrá nunca, de modo que ¿para qué reñirme?
—Te podrÃan… sorprender —contestó Ben con voz insegura, dándose cuenta de que ella le miraba fijamente al rostro.