RÃo perdido
RÃo perdido —¿Vas a tener a Hettie a tu lado? ¡Qué buena eres, Ina! —exclamó Ben, agradablemente sorprendido.
—No me lo agradezcas. Hettie es una buena amiga y todo se lo merece. No se puede reprochar a nadie que se la quiera.
—De modo que Nevada ama a mi hermana. Lo sospechaba, aunque creà que, en ese sentido, su charla era como la de todos los vaqueros. Te lo ha dicho, ¿verdad?
—Yo no he afirmado eso —repuso la joven, esquivándose.
—Eres singular y me puedes. ¿Qué he de hacer frente a ti… no hablando ya de Nevada, de mi hermana, de Marvie… de todos, en fin?
—Haz que mi padre y el tuyo y todos los, demás, te vean como el hombre que nosotros sabemos que eres —observó Ina, firme, pero suave.
Ben comprendió que Ina era la misma que durante los últimos instantes de su entrevista en el rancho de su padre… sólo más grande ahora por un raro poder de confianza que él no podÃa compartir. Lo adivinaba. E Ina no hacÃa nada por desasirse la mano que él retenÃa entre las suyas. En vista de lo cual trató Ben de soltarse, pero al hacerlo, la suave y cálida presión de ella le obligó a estrecharla más que antes.