RÃo perdido
RÃo perdido Poco después de oscurecer entró Modoc en el cÃrculo de la viva luz de la fogata, apeándose de un caballo; habÃa montado en pelo.
—¿Cómo estar? Yo tener hambre —dijo, sonriendo entre dientes.
—Hay comida en abundancia, pero deja que la calentemos antes. ¿Qué ha sucedido?
—Setter encerrarme cárcel en Hammell —repuso Modoc—. Yo fugarme, buscar caballo y venir aquÃ.
—¿Qué te he dicho, Ben? —exclamó Nevada con fuego en los ojos.
—¡Caramba! ¡Conque Setter te mandó arrestar! Pero ¿por qué?
—Yo preguntar carcelero. Este reÃr mucho. Dice hacer mucho tiempo yo emborracharme…, hacer escándalo taberna.
Tan aliviado sintióse Ben al oÃr la absurda acusación, que se echó a reÃr, mientras Nevada renegaba.
—Modoc, ¿es que tú te has peleado dos veces en Hammell?
—No; una vez y no estar borracho. Los otros sÃ. Por eso pegarme y echarme de la taberna. Usted encontrarme.