RÃo perdido
RÃo perdido —¿Vamos a continuar hasta el cañón de Silver? —preguntó el joven.
—Está muy lejos y deberÃamos esperar que venga el indio. Modoc recorrerá un lado, y nosotros el otro, del cañón.
—¿No podrÃamos hacerlo entre los dos? —preguntó Ben con impaciencia.
—Tal vez, pero… ¿serÃa cuerdo hacerlo, persiguiendo a unos bandidos? Además, que me aspen si sé desde aquà dónde está ese cañón.
—Yo lo sé, mas serÃa preciso trepar mucho. Lo mejor será volver al campamento. Modoc debe de llegar esta noche.
Sin embargo, Ben se equivocó. El indio no apareció aquella noche, y cuando a la mañana siguiente tampoco se veÃa señal de él, el joven empezó a preocuparse. Esperaron todo el dÃa, siempre vigilando, y, al caer la tarde, estaban convencidos de que algo grave habÃa sucedido a su fiel aliado. Ben devanábase los sesos en vanas conjeturas.
—Para mÃ, es cosa de Setter —dijo Nevada.
—Eso es —declaró Ben dando un salto—. No se me ocurrió pensar en Setter. Si ha tropezado en Hammell con Modoc, lo habrá detenido.
—Claro que tratarÃa de hacerlo, pero es difÃcil detener a ese indio. No desesperemos aún.