RÃo perdido
RÃo perdido Por fin llegaron Ben y Nevada al punto elegido, desde el cual, a más de mil metros de altura, podÃan contemplar el inmenso valle, o mejor dicho, varias series de valles, separados entre sà por las colinas de las estribaciones. Silver Meadow[3] no desmentÃa su nombre. Tratábase de un valle ovalado, de unas seis millas de largo por dos de ancho, cubierto de artemisa blanca y hierba gris. Ben estuvo contemplando largo rato con sus prismáticos, y luego, sin comentario, entregó éstos a Nevada.
—Bien —dijo Nevada, después de mirar algún tiempo el valle—, no hay tanto ganado allà como me figuraba. No falta tampoco la sequÃa. ¿Crees que habrá vacas y caballos en los barrancos?
—Si no están allÃ, deben de haber muerto —repuso Ben.
—O que los han robado —dijo Nevada—. Casi lo asegurarÃa… Ben, si este otoño no llueve, todo el ganado morirá.
—No lo digas. Debe llover. La naturaleza podrá mostrarse cruel, pero jamás inexorable… Oye, Nevada, ¿sabes que esperaba ver en ese valle a Blaine y a sus vaqueros?
—No se les ve. Supongo que estarán más al norte del valle. Hay allÃ, a lo largo del rÃo, algunos ranchos pequeños, pero buenos. No parece que aquello sea un rÃo, ¿verdad? Estará completamente seco, Ben.