Río perdido

Río perdido

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—Bandido herido no cabalgar como otros —dijo Modoc, señalando ciertas huellas irregulares en el suelo cubierto de agujas de pino—. No tener cuidado. Estar enfermo. Hacer muchas huellas.

Avanzar, rastreando de aquel modo, requería el empleo de muchas horas. Ben mostrábase ahora sereno y frío, sabiendo que la persecución tocaba a su fin. Sabía que Modoc calculaba encontrar a los bandidos en su primer campamento, cerca o dentro de una de las grandes cuevas donde hubiese agua. El plan del indio era bueno, pero era de temer que Hall se dirigiese a la mañana siguiente a las más elevadas montañas de lava donde abundaba la caza y el agua.

A media tarde, Modoc, que hasta entonces había llevado mucha delantera a los dos amigos, se detuvo para esperarlos, y cuando llegaron, les dijo:

—Ver bandidos. Avanzar lentos para ayudar a hombre herido. Éste caer pronto. Bandidos detenerse primera vez cueva donde haber agua. Yo saber.

—¿Cuánto hay hasta allí? —preguntó Ben.

—A pie, mucho. A caballo, poco. Yo andar. Ustedes llevar caballos. No hacer ruido. Mirar mucho.


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