RÃo perdido
RÃo perdido Ben volvió corriendo a su montura y la preparó para la persecución. Los bandidos, entre tanto, apeáronse para desentumecer los ateridos miembros.
—Pronto —exclamó Ben, jadeante—. Nevada, toma tú dos hombres y vete hacia la izquierda, pero que no os vean. Yo tomaré a Hall y otro hombre. Cruzaremos el rÃo. Modoc, tú te quedas aquà hasta que estemos en la orilla; entonces sales hacia allÃ. Rodearemos lentamente al Roja… En cuanto empiece a correr, resbalará sobre el hielo y se caerá. Entonces lo cogeremos.
Nevada se alejó con dos de los hombres, mientras Ben, llamando a Hall y a Jenks, retrocedió hasta el granero y bajó hacia el rÃo. El hielo, aunque crujÃa, sostuvo el peso de los jinetes. Una vez en la orilla opuesta, Ben se dirigió en rápido galope hacia el oeste del lago, manteniéndose fuera del alcance de la vista de los caballos salvajes. Cuando creyó haberse alejado lo suficiente, remontó la altura y desde allà vio que Nevada y sus dos hombres estaban ya en el otro lado del lago, mientras que Modoc, con los suyos, apareció en la desembocadura del rÃo.