RÃo perdido
RÃo perdido El caballo rojo estaba a una milla, lago adentro, viniendo hacia él. Avanzaba al trote, pero de cuando en cuando, perdÃa el paso; su roja crin flotaba al viento. Los seis caballos restantes corrÃan en larga hilera tras él. Al ver a Ben, el garañón dio un fuerte relincho y se volvió, emprendiendo veloz carrera. Mas, apenas iniciada, el noble caballo resbaló, dando con el cuerpo sobre el hielo, donde hizo esfuerzos frenéticos para levantarse, sin conseguirlo.
—¡Viva el Rojo! —exclamó Ben con toda la fuerza de sus pulmones—. No es una caza legal…, pero es mÃo…, mÃo.
Los demás caballos dieron la vuelta sin resbalar y se alejaron rápidamente del garañón. Al cabo de un rato, pudo éste ponerse de pie, mas aunque siguió a la manada, no se atrevió a correr. A cada paso resbalaba y sólo avanzaba con lentitud. Ben oyó en aquel instante los gritos de los demás cazadores, que se dirigÃan todos hacia el caballo por distintas partes del lago. Dos caballos salvajes más cayeron resbalando y les fue casi imposible alzarse.