Río perdido

Río perdido

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Entre tanto, Ben, rápido como el viento, cabalgaba hacia el lago, alejándose de sus hombres que le seguían gritando. La fuerte voz de Hall destacábase entre las de más, plena de salvaje espíritu de la caza. Al llegar al hielo, éste empezaba a ceder bajo las afiladas herraduras de su caballo, pero al entrar en la parte más sólida, sostuviéronse bien. Ben sujetó las riendas para que los demás pudiesen distanciarse suficientemente y completar el círculo. Nevada ya estaba muy lago adentro, sobre el hielo, y cerraba la amplia avenida del oeste. Poco después, los ocho jinetes lograron formar un arco de media milla, con el lago abierto enfrente por el que los caballos no podían huir.

El Rojo de California retrocedió entre la abertura, cada vez más estrecha, entre Nevada y el lago. Cuando se di rigió al este, el grupo de Modoc dejó un espacio abierto para los caballos salvajes que estaban más cerca, los que, después de resbalar y levantarse, pudieron al fin lograr la libertad. De este modo quedaron dos caballos salvajes, además del garañón, sobre el hielo. La desventaja del garañón era obvia; a pesar de su maravillosa velocidad, a pesar de su fiereza, no podía huir. Los jinetes iban estrechando el círculo. Nevada se metió entre el Rojo y la parte del lago que no estaba helada. Otro de los caballos salvajes logró salvarse.

—Ahora, a cerrar lentamente —bramó Ben manejando su lazo.


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