Río perdido

Río perdido

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Ina vigilaba sin cesar el rancho desde su tienda. Poseía unos gemelos de campaña con los que todo lo examinaba. Así vio varias veces aquel día a Setter, quien, al parecer, celebraba graves consultas con Judd y su agente. La joven, al verlos, odiaba cada vez más al astuto intrigante.

Contrariamente a lo que temía, Setter no se acercó a ella ni por la tarde, ni después de anochecer. Marvie, que había escuchado, oculto, la conversación de Setter con Judd y Walker, la informó de que no había podido en tender nada, porque hablaban demasiado bajo, pero que, con seguridad, estarían tramando algo grave.

A la mañana siguiente el muchacho llamó a la tienda de la joven, y ésta salió poco después para saber qué quería su hermano.

—¡Hola, madrugador! ¿Estás buscando gusanos para la pesca?

—No, busco reptiles —replicó el chico con su simpática sonrisa—. Mira, hermana, allá van Judd y Walker con dos caballos de carga. Van hacia Río Perdido.

La hermana de Marvie contempló con atención la ladera y vio que, en efecto, cuatro caballos iban camino del lago.

—¿Qué se propondrán esos dos? —murmuró la joven.


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