RÃo perdido
RÃo perdido —Siguiendo los pasos de mi hijo —observó Amos Ide con amargura—. Hart Blaine, más vale que no ahorre las palizas o sufrirá algún dÃa lo que yo. Se convertirá en un cazado de caballos salvajes y en un ladrón de ganado.
—Bueno…, haga lo que haga, yo jamás le abandonaré —declaró Blaine con sarcasmo.
Amos Ide volviese de nuevo hacia su hijo para continuar el interrogatorio. Ben miraba a su padre con ojos apenados, no veÃa en él sino a su mayor enemigo.
—¿Llevaste ganado a la cañada de Silver?
—No.
—Esos oficiales encontraron tu campamento allÃ.
—Ésa es otra vil mentira. Desde mi campamento a esa cañada hay medio dÃa a caballo.
—¡Evasivas! —bramó Judd—. Señor Ide, usted mismo ha visto las cosas de su propiedad que encontramos en el campamento, pero aún queda más allÃ. Si quiere pruebas, venga con nosotros a la cañada de Silver.
—¡Canallas!…, ¡canallas! —exclamó Ben, al darse cuenta de la trampa que le habÃan preparado. Se puso de pie en los estribos, mas al instante se dejó caer, como si fuera a desmayarse.
Amos Ide levantó la mano en ademán acusador.
—¡Tú me has robado a mÃ!
—¡Oh, Dios mÃo! Padre, ¿tú crees eso?