RÃo perdido
RÃo perdido —En cuanto a esa discusión, señor Blaine, he de decir, cuando menos, que ahora estoy mejor informado que entonces —repuso Strobel con entera franqueza—. Mas como usted ha dicho muy bien, yo estaba sobre la pista verdadera… Bueno, todas las pérdidas de ganado sufridas en esta región durante los últimos dos años pueden resumirse en una sola palabra: Hall. Ahà lo tenemos; él mismo lo afirma asÃ. De este modo, pues, pasaré por alto lo anterior y me referiré sólo a lo de hoy… Cabalgando a algunas millas de RÃo Perdido arriba, me encontré con un vaquero llamado Nevada. Al verme, dio tres hurras y echó el sombrero al aire. Creà que estaba borracho, pero no, no habÃa nada de eso. A gritos me dijo que Bill Hally su banda estaban cerca, sobre caballos cansados, y sin armas… Al oÃrle, pensé que estaba loco, pero… no lo es taba. Le dije que nos guiase, y poco tardamos en caer sobre la banda de Bill Hall, la que se rindió sin resistencia. Eso es todo; creo que Bill Hall puede darnos la clave de muchos enigmas.
—Hall, venga usted aquà —ordenó Blaine al bandido maniatado.
Hall avanzó con paso tardo, colocándose frente a Blaine. DespedÃa hedor de sudor y de tabaco, su aspecto era rudo, salvaje y desharrapado, pero en su rostro habÃa franqueza y sus ojos no revelaban temor alguno.