RÃo perdido
RÃo perdido Por casualidad o por increÃble fortuna, o tal vez por un capricho del Destino —Ben no sabÃa por qué—, el joven encontró en la calle Mayor de Hammell a Ina, Marvie y Hettie, que llegaban en aquel instante de la hacienda en un magnÃfico birlocha nuevo. Marvie chilló y Hettie gritó, mientras que Ina, con las manos cruzadas sobre el pecho, contemplaba el caballo de Ben con tan mudo éxtasis que parecÃa no haberse dado cuenta del jinete que lo montaba.
La estrella de Ben siguió aquel dÃa su cursó ascendente. La sorpresa del encuentro aturdió a Ina; el obvio y manifiesto cambio de la opinión pública sobre Ben la abrumó. Ben, por su parte, no supo nunca qué habÃa sido lo que le impulsara a rogarla, tan pronto como la vio un momento a solas, que se casase con él inmediatamente.
Ina no pudo resistir. Sus ojos no se apartaban de él, estaba fascinada.
—Ina, no ha sido mi intención hacer las cosas asà —continuó Ben, rápido—. Éste es un dÃa feliz para mÃ, cólmala tú, casándote ahora mismo. Tenemos aquà a Marvie y a Hettie, que pueden ir con nosotros a la iglesia.
—¡Oh, Ben!… Tan de pronto —repuso Ina—. Yo… sé que lo prometÃ…, debo cumplirlo…; pero… no voy vestida para una boda… y ¿qué dirÃan en casa?