RÃo perdido
RÃo perdido —Mamá, lo de millonario es muy altisonante, pero a mà no me impresiona —repuso Ina seriamente—. PapaÃto y yo vamos a tener algunas discusiones.
—Ina, tú has sido siempre una muchacha obediente.
—Y lo seguiré siendo, mamá…, con algunas reservas. Ahora mismo voy a empezar siéndolo, pues me marcho para que esos interesantes vaqueros no me vean… aún. Ina volvió a la otra parte de la casa, muy pensativa. Su madre se hallaba metida en cosas que no comprendÃa. La antigua vida del rancho, un poco dura por cierto, pero sencilla y agradable, habÃa terminado. La joven se fue al saloncito que ya explorara el dÃa anterior. Le gustaba a pesar de su aspecto desafiante. En el hogar abierto ardÃan algunos leños. Un aroma familiar, desconocido durante mucho tiempo, esparcÃase por la habitación. ¡Cuántos recuerdos despertaba en ella! Su infancia, con las excursiones, monta da en jaquitas, y las fogatas de los campamentos surgÃan de pronto ante ella.