RÃo perdido
RÃo perdido —Marvie, no hace falta que tú y Dall os comáis ahora a Ina —dijo Katie—. Ha vuelto para quedarse aquà y no la perderéis. Además, dice mamá que os deis prisa con el desayuno para que no vayáis tarde al colegio.
Ina los siguió al comedor, donde los esperaba la se ñora Blaine. Tratábase de una habitación alegre y solea da, aunque demasiado lujosa para un rancho.
—¿Dónde están papá y los chicos? —preguntó la joven al sentarse.
—Bob y Fred han desayunado con los vaqueros —contestó la madre, añadiendo luego de mala gana—: Y a veces lo hace tu padre también.
Dall y Marvie sentáronse a la derecha y a la izquierda de Ina, comprendiendo ésta que los dos la salvarÃan de cualquier situación enojosa. Eran aún demasiado jóvenes para que influyese en ellos el cambio que se habÃa operado en la familia. Ina se dijo que ella y sus dos hermanos menores serÃan buenos amigos. En cuanto a su madre y a Katie, la joven se verÃa obligada a enfrentarse con ideas nada divertidas.
—Ina, no sabes, vamos ahora en coche a la escuela —anunció Dall, con cierto dejo de importancia que tan obvia era en los demás miembros de la familia.
—Pues yo siempre iba a pie —declaró Ina—. Recuerdo muy bien el camino, fangoso en invierno y polvoriento: en verano.