RÃo perdido
RÃo perdido —SÃ. Tú eres su hermana y yo… la compañera de infancia. Probablemente somos los únicos amigos que tiene, excepto aquel vaquero de Nevada… Hettie, yo estoy formándome una opinión propia de ese vaquero del que Setter afirmó que era un cuatrero. Creo que es un hombre que hace causa común con Ben, al que habrá hallado solitario y proscrito. Tal vez también a él le gusten los caballos salvajes. Es preciso que veamos a los dos, yendo, si es preciso, a RÃo Perdido.
—Yo iré, aunque mi padre, si se entera, me castigará severamente —declaró Hettie, sobrecogida.
—Lo haremos como último recurso; mas, entre tanto, esperaremos. Algo puede pasar, tal vez será posible enviar una carta a Ben. O también, si sabe que he vuelto, puede que desee verme y venga.
—Estoy segura de que lo deseará, pero no vendrÃa aunque le escribieses —observó la muchacha con tristeza.
—¡Pobre Ben! ¡Cómo debe de sufrir…! En fin, hemos llegado al cabo de la vereda, y allà vienen mis hermanos. Volveré a verte pronto, Hettie. Entre tanto, recuerda que somos dos conspiradoras terribles.
—¡Oh, Ina, qué buena eres! De buena gana te daba un abrazo —exclamó Hettie, llena de gratitud.
—Bien, hazlo.
Pero Hettie huyó rápidamente por la vereda.