Río perdido
Río perdido Presentáronla a poco al novio de Katie, un hombre de edad madura cuyo nombre no entendió. Era carilleno, sonriente, y en sus modales procuraba ser suave y elegante, mas sin lograrlo.
Su compañero, un joven de aspecto de petimetre, rubio, con bigote rizado y ojos grandes, lánguidos, azul claros, era él señor Sewell Macadam. Llevaba guantes y un bastoncito. Al ser presentado a Ina, mostróse muy ufano en conocer a la muchacha, la cual, por su parte, sólo le revelaba una gran indiferencia.
Gradualmente dispersóse la multitud, yendo unos a ocupar sus vehículos y otros a pasear calle abajo. Macadam monopolizó a Ina, pero; con gran satisfacción de la joven, su hermano Marvie no se apartaba de su lado.
—Voy a comer con ustedes —anunció Sewell—. Puede usted subir a mi coche para que la lleve a casa. Tengo un par de excelentes y fogosos caballos.
—Muchas gracias, señor Macadam —repuso Ina suavemente—, pero les tengo un miedo terrible a los caballos fogosos. Iré con mi familia.
El joven caballero mostróse muy sorprendido y, después, enojado. Ina le saludó con una inclinación alejándose con Marvie, quien le apretó la mano. Sentáronse los dos en el asiento delantero del coche de su padre, adonde ya se había encaramado Dall, mientras el señor Blaine desataba los caballos de un árbol. Al volverse, riendas en mano, vio a Ina.