Río perdido
Río perdido El predicador era desconocido de Ina; era un hombre de mediana edad, de aspecto serio y bondadoso, de voz simpática y que hablaba con sencillez y gran seriedad. Ina había oído predicadores menos valiosos en iglesias de las grandes ciudades. Después del sermón, cuando todos se arrodillaron para orar, Marvie se inclinó hacia Ina diciendo, en voz baja:
—Ése de allí a la derecha, primera fila, es Sewell Macadam, al lado del novio de Katie. Son un par de gansos, pero a mí no me la pegan.
Ina bajó aún más el rostro e hizo señal a Marvie de que se callara. Sin saber por qué, estaba de acuerdo con la opinión de su hermano, pero temía que éste se diese cuenta.
De momento, sin embargo, Ina no tuvo ocasión de satisfacer su curiosidad, y cuando la congregación salió de la iglesia, vióse Ina asediada por viejos conocidos, condiscípulas, señoritas ya como ella, vecinos y amigos. Recibió muchos parabienes, pero, en medio de todo, no pudo sustraerse a la idea de que la miraban con envidia. Comprendió pronto que el encumbramiento de su padre en aquel mundo pequeño del lago Tule había engendrado la envidia y el menosprecio de ciertas gentes. Encontró las miradas inquisitivas de algunas madres de familia que sin duda se preguntaban si también ella había sufrido la nefasta y perniciosa influencia de la educación y de las riquezas.