RÃo perdido
RÃo perdido Toda la familia ataviábase ahora, el domingo, más que en otros años, especialmente Katie, que revelaba de un modo inconfundible que era una campesina indebidamente influida por sus ambiciones y sus amigos de la ciudad. Sus hermanos, excepto Marvie, tenÃan los dos caballos y carruaje propio para ir a la iglesia. El señor Blaine llevó el resto de la familia en un vehÃculo de dos asientos, que Ina imaginó reconocer. Ella y su hermanita Dall iban en el asiento delantero, con su padre.
La iglesia del pueblo, los muchachos, muy ufanos, en sus trajes relucientes, las muchachas con vestidos claros y vistosos, y los caballos atados a la sombra de los árboles…, todo parecÃa igual que cuando Ina se marchó.
Al penetrar en la iglesia, sus padres, con ademán majestuoso, tratando de comportarse de acuerdo con su posición, y su hermana Katie, orgullosa como un pavo real, reparó Ina en que su familia, y sobre todo ella misma, eran la envidia de muchos. El hecho no la azoró ni poco ni mucho, pero impidió que pudiera mirar a los demás con el interés que deseaba. Sólo después de estar sentada empezó a reconocer a las gentes.