RÃo perdido
RÃo perdido —No se lo digas a nadie, te lo ruego —suplicó la joven con calor.
—Te lo prometo —aseveró el muchacho, mirando a su hermana con ojos de cariño—. Pero si permites que ese petimetre te haga el amor… no saldrás más a pescar conmigo.
—No te apures, Marvie —dijo Ina dando un beso a su hermano—. Iremos a pescar siempre que quieras llevarme.
En aquel momento les interrumpieron e Ina no tuvo oportunidad de pensar en la chismografÃa hasta que se fue a su habitación. De momento la idea le pareció ridÃcula y trató de olvidarla. Mas reparó en otras particularidades significativas y no tardó en decirse que, la situación era harto compleja. Su desanimación sólo duró un instante, pues la joven era valiente e intrépida. Lo que le dolÃa era tener que oponerse a los deseos de su familia, cosa que parecÃa inevitable. Se dijo que lo mejor serÃa no tomar ninguna decisión, sino dejar que los acontecimientos determinasen su actitud. Esperaba, sin embargo, con cierta curiosidad, la llegada de Sewell Macadam.
Al llegar la mañana del domingo Ina se dio cuenta de que, por lo que atañÃa a aquel dÃa, la vida familiar de los Blaine seguÃa siendo la misma que antaño: