RÃo perdido
RÃo perdido —Pero si yo no le conocÃa…, ni tampoco le he invitado.
—Eso no importa. Le invité yo.
Ina comprendió entonces a su padre y lo vio muy distinto de aquel ser cuyo recuerdo habÃale sido tan querido durante su ausencia. El dinero y la falsa posición habÃan influido sobre él tanto como sobre su madre, aunque de un modo muy distinto.
—¿Por qué le invitaste? —continuó Ina, advirtiendo que la calma y desenvoltura con que preguntaba disgustaban a su padre.
—Sewell es un joven muy simpático y bueno. Su padre es amigo mÃo y, en cierto modo, mi socio. Creà que vosotros dos podÃais familiarizaros.
—Gracias. Eso explica la presencia del señor Macadam. Él sà que iba camino de familiarizarse conmigo, como tú dices.
En aquel instante, Marvie echóse a reÃr a grandes carcajadas.
¡Cállate y sal de aquÃ! —ordenó el señor Blaine. Luego, volviéndose a Ina, encarnado el rostro, continuó—: Ina, no niego que haya dado pábulo a Sewell para que creyera que te gustarÃa a ti.
—Lo siento, pero no me gusta.
—Bien; malo es eso, pero ya te gustará más adelante, cuando le conozcas mejor.