Senda de héroes
Senda de héroes Ormiston, junto con los dos asociados y sus gañanes, a todos los cuales dominaba, salió de la espesura después de una etapa de tres millas en la cual habÃan invertido más de medio dÃa. Detrás iban los Dann, pisándole los talones. El ganado y los jinetes de Slyter encontraron la hierba y las matas holladas, los grandes helechos y sasafrás abatidos, los márgenes de la corriente cortados en callejuelas, todo lo cual les facilitó la marcha, cuyo principal tropiezo fueron los escalones que formaba el terreno.
Una hora de descanso completamente tendido sobre la espalda, un baño, un afeitado, un cambio de ropas, devolvieron a Sterl algún parecido con su primitiva figura. El vaquero sostuvo una corta conversación con Slyter. El jefe se mostraba de nuevo optimista y lleno de energÃas. La señora Slyter parecÃa no haber sufrido en exceso por los largos ratos pasados encima de la carreta y las múltiples acampadas con su incesante trajÃn. Pero Leslie acusaba el cansancio de más de seis semanas de cabalgar por mal camino.
—¿Qué tal pobretona? —preguntó Sterl acudiendo a la llamada de la chica.
—Lo parezco, ¿verdad? —replicó ella con voz pesarosa, paseando una mirada por toda su persona—. Tengo dos trajes más, pero quiero remendar estos harapos y hacerlos durar cuanto sea posible. ¡Qué atildado te has puesto! ¡Estás guapÃsimo, Sterl!