Senda de héroes
Senda de héroes Estos gomeros de tendidas ramas eran cual los pilares de un ancho portal que se abriese para dar entrada a un pequeño valle de suave color a partir del cual se elevaban, cubiertas de árboles floridos, franjas de terreno que corrÃan hasta confundirse en una llanura punteada de acacias rojas y otras espinosas, las cuales atraÃan la mirada hacia las pobladas colinas que se alejaban más y más como manchas de oro oscuro desparramadas entre aquel púrpura luminoso que se intensificaba y oscurecÃa hasta mezclarse y confundirse con la inmensidad sin fin.
El vaquero se dio cuenta de la presión del cuerpo de Leslie que, pegándose a su lado, le miraba con ojos intensamente brillantes.
—¡Mi Australia! —murmuró ella—. ¿Verdad que es hermosa? ¿No la quieres? ¿No estás gozoso de haber venido?
—SÃ, Leslie, sà —dijo él con emoción redoblada cada vez más por la proximidad y la belleza de su compañera.
—¿Nunca dejarás Australia?
—No, muchacha, nunca —replicó con la voz empañada. por la tristeza.
—¿Serás mi amigo más Ãntimo?
—Asà lo espero. Pongo todo mi empeño en ser... tu amigo.
—¿Y mi hermano mayor?