Senda de héroes
Senda de héroes De pronto Sterl sintió una convulsión dentro del pecho, un borbotoneo de sangre ardorosa que se produjo inmediatamente después de haberse rendido a la ternura y al atractivo de la muchacha.
—¡No tu hermano mayor, no, Leslie! —dijo con voz alterada, al mismo tiempo que la estrechaba contra su pecho—. Eres una mujer, una dulce mujer. Ningún hombre serÃa capaz de resistir... Y me atormentas.
La besó una y otra vez, apasionadamente, hasta que los labios temblorosos de la joven le correspondieron; la besó más y más hasta que ella se abandonó sobre su pecho, rendida y confiada.
—¡Dios mÃo! Ahora ya está hecho —exclamó él, pesaroso.
—¡Sterl! —Leslie retrocedió para contemplarle con ojos maravillados y el rostro encendido. Después se volvió y lanzando un grito, echó a correr hacia abajo.
—Ahà está lo que te ha hecho Australia, vaquero —se dijo Sterl. Y se inclinó para recoger el rifle.