Senda de héroes
Senda de héroes —¡Bobadas! —replicaba ella—. ¡Estoy muy bien y no quiero dejarme rendir por esta cargante y asquerosa araña roja!
Leslie, paulatinamente, iba absorbiendo el vocabulario de los vaqueros.
Aquel dÃa Sterl cabalgó siempre a su lado, lo cual no impidió que se cayera dos veces de la silla. Pero no por eso perdÃa el sentido del humor.
—Red dijo que tengo que ser una genuina vaquera, ¿verdad? —explicó al deslizarse del caballo por segunda vez—. ¡Maldita sea 1 Sterl, si vuelvo a caer, suminÃstrame la medicina aquella..., la que me diste allá en el Campo de Púrpura.
Después de estos incidentes llegaron dos dÃas de penosa marcha. Antes de la puesta del sol del primero, la expedición se detuvo en las márgenes de una considerable corriente, de empinadas orillas. Pese a todo y a que la vacada, que abrÃa la marcha delante, dejaba el terreno hollado formando una especie de camino, fueron necesarios ocho caballos para arrastrar al otro lado a cada carromato. Leslie estaba todavÃa demasiado débil para desafiar la traicionera corriente, y Sterl, montado sobre King, la transportó en brazos al otro lado. En la mitad del rÃo, ella levantó los ojos y dijo en voz queda:
—Me gustarÃa hacer todo el resto del camino de este modo.