Senda de héroes
Senda de héroes —¿S� ¿Tres mil millas? —respondió Sterl. Y anotó el pequeño suceso como uno de los peligrosos incidentes, por no decir desgracias, que se iban multiplicando.
Al encontrarse aquella tarde con que tuvieron que plantar el campamento en un paraje desprovisto de agua, Sterl volvió a recordar que la falta de este elemento encabezaba la lista de obstáculos con que tropezarÃa la expedición, que Stanley Dann se habÃa hecho, y pensó que llevaba camino de ser asà en la realidad.
A través de las sombras llegaron los primeros cánticos, con su acompañamiento de coros de dingos y de aullidos de perros, del corrobori de los indÃgenas que Friday habÃa anunciado para aquella noche. Dann dio la orden de dejar a los aborÃgenes tranquilos, a no ser que se deslizaran dentro del campamento con ánimo de atacar. Por la mañana no se notaron señales que revelaran si los negros habÃan matado alguna cabeza de ganado, pero Slyter, con muy buen sentido, declaró que si el jefe hubiese ordenado a Friday y a los vaqueros que buscaran los posibles rastros, hubiera podido convencerse de la pérdida de varias.