Senda de héroes
Senda de héroes El ave aquella era el Tilmorrinco, el estornino australiano.»
A las doce del dÃa tercero, Sterl sintió que sus potencias se desvanecÃan. Necesitaba un largo descanso. Después de haber reunido leña suficiente para varios fuegos, se acostó en un espacio abierto cercano al agua, y casi al instante se quedó dormido.
Le despertó una voz que le llamaba y una mano que le sacudÃa por el hombro. Un rostro negro, empapado en sudor, se inclinaba sobre el suyo.
—¡Friday! —gritó Sterl con voz ronca, esforzándose por sentarse—. ¿Me... buscabas?
—SÃ, patrón. Negro pensar que patrón dormirse pronto. —No. ¡El patrón, loco!
Friday llevaba la wommera y las lanzas en una mano, y en la otra un saquito que contenÃa lonjas de ternera frita y salada, damper y cierta cantidad de frutas secas.
Carne —dijo abriéndolo delante de Sterl.
¡Nunca un manjar habÃa tenido tan buen gusto! Entre bocado y bocado, el vaquero preguntó:
—¿A qué distancia está el campamento, Friday?
—Aquà mismo. —Y el negro se puso a dibujar cÃrculos con el dedo sobre la alfombra de hojillas pardas para indicar que Sterl habÃa andado dando vueltas y más vueltas. Después, añadió espontáneamente—: Los caballos estar allà cerca, en la orilla. Negro encontrarlos.