Senda de héroes
Senda de héroes A la puesta del sol de aquel día, Sterl cabalgaba a horcajadas sobre King, por el reborde de la meseta, no muy lejos del punto desde donde había visto el valle a la luz de la luna. A poca distancia, la delantera de la gran manada, como una ola envuelta en una nube de polvo, se derramaba cansinamente por la ladera. Tal como había esperado y predicho, al terminar la jornada los animales conservaban todavía algunas energías.
Andando cuesta abajo, por la noche, y con la caída del rocío, las bestias podían avanzar pesadamente balanceando el cuerpo hasta que el aroma del agua les infundiera energías.
Entonces, si se parecían de cerca o de lejos al ganado de las praderas del Oeste, sería posible que se provocase una desbandada. Sterl había visto amontonarse dentro de un río a diez mil búfalos, ofreciendo un espectáculo que nunca olvidaría. Si la vacada y la remuda le hubiesen pertenecido a él exclusivamente, no se habría preocupado con más interés por su seguridad y buen estado.