Senda de héroes
Senda de héroes Cuando las rojizas sombras del atardecer se adueñaron del panorama, los vaqueros galoparon ladera abajo. Después, y mientras la noche cubría la tierra con su manto, se separaron, pero sólo a distancia que les permitiera comunicarse a gritos. Por una vez, Friday había subido a una carreta. Larry iba delante, a la izquierda de la vacada, y Drake detrás de Sterl. La luna salió para iluminar las sombras.
Los animales avanzaban cabeceando cuesta abajo, a través de una espesa hierba cargada de rocío, y los expedicionarios los seguían. A medianoche la pendiente empezaba a convertirse en llanura. Los canguros, walabies, conejos y emús se levantaban de sus yacijas para salir a escape. King se apartó de un salto más de una vez al oír el silbido de una serpiente. El tedio se apoderaba del ánimo de Sterl. El vaquero no tenía otra cosa que hacer más que permanecer en su silla; su corcel se había convertido en un perro de pastor: no necesitaba que le dirigiesen ni que le estimulasen. A menudo, el sueño le ganaba durante unos minutos. Dos noches sin dormir ni descansar le devolvían el recuerdo de las conducciones de ganado en Texas, cuando los ríos bajaban crecidos.