Senda de héroes
Senda de héroes Al despuntar el día el muchacho parecía un fardo sobre la silla; medio dormido, los ojos cerrados, la mente casi vacía. Sin embargo, el viejo grito de guera de los comanches, lanzado por Red, le hizo enderezar sobresaltado. Su amigo agitaba el sombrero señalando hacia el río, muy próximo, flanqueado por una franja de espesa arboleda.
—¡Amigo! ¡Leslie se dirige hacia nosotros a todo galope para escoger el paso! Ahora, Larry le sale al encuentro.